Hay que llegar al tramo final, donde la vía se verticaliza y hay que poner un poco de habilidad para subir los metros que nos separan de la parte alta del cañón. Por delante seguimos David y yo hablando y diciendo tonterías, y echándonos fotos chorras.
En retaguardia, Mar y Xavi filmando los quehaceres de la ferrata. Y al final! Premio!
En un recodo de pared casi en la zona más alta oigo a David: ¡Está aquí! … en un agujero de la pared y mientras aguantamos en mísero equilibrio, asoma un tupperware. Preciado tesoro y caché que nos ha llevado hasta allí. Decidimos que no hay que hacer el tonto en una situación tan precaria de equilibrio y decidimos que sea el último en llegar quien firme el cache.
Un tramo de escalera de hierro nos acerca al último puente al más puro estilo Indiana Jones con travesaños rotos o inexistentes. David y yo somos los primeros en cruzarlo y al otro lado aparece un chico joven que pasea por ahí con sus perros. Ooooohhhh!!!!
Ahora sí que la ferrata se ha acabado. Esperamos comiendo y bebiendo algunas cosillas hasta que llegan los últimos al punto final.
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