A mí, ni me sonaba, así que al llegar a casa miré la web y me asusté bastante. Había que nadar 350 metros siguiendo los riscos del Garraf, salvando el oleaje generado cerca de las rocas rompientes y encima meterse en una cueva en todo el medio del acantilado. ¿Este tío está loco o que? Pero tuve un momento de tranquilidad porque el propietario decía que también se podía hacer a pie, pero super-desaconsejado porque había que meterse dentro del tunel del tren. Toma ya, aventura!
Madre Mía! El caso es que a mi estas cosas, mi mente me dice que no las haga pero cuando me preguntan siempre digo que sí, y me meto en el fregado, así que acepté el reto.
Tres días más tarde nos encontrábamos Xavi (Aguanaguanga), David y yo en el parking de la playa buscando infructuosamente un camino para acceder al inicio de la travesía (un camino que nos llevó por tontos a meternos en una cantera, ataviados con chanclas, toallas y dos colchonetas. Aún deben reírse los trabajadores de por allí).
Total, encontramos el camino y el mar estaba bravo que FLIPABAS!
Eso habría sido un suicidio en masa, así que aplicamos el PLAN B y nos fuimos los tres a hacer algunos caches, uno de los cuales (Piece of Canada) nos dejó justo en la entrada del camino que subía a la montaña, NARICES! ¿Alguien ha escalado un montañón de 50 metros en chanclas? Pues nosotros sí y en la cima, además, con viento huracanado mientras intentabas sortear un par de rocas y no caer acantilado abajo. Conseguido el caché y ya de bajada nos fijamos en otro sendero, el que bajaba al tren (y de allí a Falconera). Míramos nuestras chanclas, pero si habíamos subido un montañón a merced del viento huracanado que casi nos lleva por acantilado abajo, para pillar un caché, ¿porque no “explorar” el camino alternativo de la Falconera?
Y sí señor! Tres burracos con chancletas de playa bajando por los riscos de la montaña, y acantilados de escasos centímetros de anchura y con cables de seguridad que había en las paredes, para ver ‘adonde nos lleva esto’. (vease fotillo)
Pues sí señor! Llegamos al tunel del tren (pero por la parte de arriba), era divertido porque parecíamos estar en una super terraza de 500m2 con vistas al mar, para nosotros solos. ¿Era hora de marcharse ya no? Pues no! “¿Y porque no bajamos a la vía?” … Y allá los tres tontacos buscando un camino inexistente hacia la vía del tren.
Y ya que estamos en la vía, ¿porque no buscamos la entrada a la Falconera? Aquí David ya estaba un poco cagadete pero vió que el Xavi y yo nos aventurábamos por el medio de las vías corriendo como el demonio y él, que también es de mente débil, se vino detrás.
Por supuesto no tardó en oírse el murmullo amenazador del cercanías de turno que se acercaba así que nos metimos en un tunel perpendicular que comunica ambas vías y desde allí a distancia prudencial vimos pasar el cercanías. De repente el Xavi dijo algo como: “Si hay que ir, tiene que ser ahora que ha pasado el tren” y el chaval se interna sin frontal ni leches en la oscuridad absoluta del tunel buscando el agujero de la Falconera que se intuía a unos 12 metros tunel adentro.
Yo aquí me lo pensé un poco y quise esperar que volviera Xavi para que nos contara como lo veía, eso de meterme en un tunel por donde hay trenes hay que pensarlo 2 veces. A los 5-10 minutos el tío aparece por el medio del tunel perpendicular de la vía contraria. ¿Pero como había llegado hasta allí?
Pues, no se le había ocurrido mejor idea que salir del tunel de la falconera y esperar a oscuras en el tunel perpendicular, el tren de la vía contraria y esperar que pasara para alcanzar corriendo, por la vía contraria y a oscuras (y en chanclas) la posición donde le esperábamos David y yo.
Lo que no supo entonces Xavi que me contó luego el propietario, es que si un tren hubiera pasado cuando Xavi estudiaba el agujero que daba acceso a la Falconera, la corriente generada de aire sobre un agujerete tan pequeño habría sido tan fuerte que podría haberle tirado hacia el mar 15 metros abajo. Por suerte no pasó.
El caso es que Xavi nos dijo que bajar por allí se podía, pero no dejaba de ser difícil y arriesgado y más con el equipazo playero que llevábamos, así que la aventura de la Falconera terrestre acabó en fiasco por segunda vez ese mismo día, y nos volvimos al coche.

1 comentario:
Que cojones tenéis.
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