Una aventura de 400 km deja sin duda grandes momentos simpáticos o sorprendentes.
Como en el tramo 1 destrocé hasta sangrar a borbotones mis piernas por querer usar la línea recta para coger un caché en medio del monte.
Como en el tramo 2 tuvimos que explicar a unos jardineros en que consistía el geocaching para tomar un cache que 3 minutos más tarde habría desaparecido en el cubo de una basura.
Como en el tramo 3 un payés maleducado nos obligó a dejar en el suelo un tupper, creyendo que seria Dios-Sabe-Que y que no atendió a ninguna razón ni a escuchar una sola palabra. Se limitó a chillarnos y a decirnos que los Mossos d’Escuadra venían a por nosotros. Fue Verdad. Nos pararon pero no sucedió nada, aunque misteriosamente aquel cache desapareció de su ubicación.
Como en el tramo 4 nos cruzamos con un Francés que también completaba el CSJ y que nos acompañó el resto de tramo y hasta se aventuró a ‘cazar’ con nosotros a pesar que se le hacía muy tarde, por la ciudad de Girona.
Como en el tramo 5, descubrimos un caché del tramo guardado en su mochilita de tela y a buen recaudo en su casita del interior de un tocón de árbol.
Como en el tramo 6 habían carreras a toda leche para conseguir encontrar los cachés antes que Jesús (que dijo haber encontrado 20 de 55 …mmmm seguro? Sin ayuda?)
Como en el tramo 7 encallamos el coche dos veces en el fango con la casi posibilidad de quedar atascados y como de fácil puede ser romper un coche en esas características.
Como en el tramo 8, y en un tramo de 100 metros en una carretera casi desierta, una enfermera detiene su vehículo porque te ha visto haciendo auto-stop y que luego te diga: “has tenido suerte, he parado porque te he confundido con otro”… Que maja por cierto que fue, de verdad, aquella enfermera de Vic.
Como en el tramo 9 nos encontramos un cache con al menos 20 travel bugs y geocoins procedentes del extranjero con algunas de ellas aún por activarse.
Como en el tramo 10 descubrimos que tras una ruta de 8km por camino de tierra una riada bloqueaba el paso del coche, y la alternativa que nos decía el tomtom cruzaba un río con abundante caudal de agua. Que difícil fue encontrar un punto de encuentro, Dios
Como en el tramo 11 un camino desértico de carros en medio de la montaña se convierte en una autopista de coches cuando el mercado de Montserrat empieza a funcionar.
Como en el tramo 12 piensas que vas a coger SOLO un par de caches más y acabas terminando en solitario un tramo de 30 caches sin comer, aparcando en los mínimos espacios que la carretera te cede y chupándose al final 4+4 km a patita. Y solo ibas a hacer 2 cachés… ¿Enfermo?
Como en el tramo 13, tienes que usar de toda tu imaginación y simular que hablas por teléfono colocando a tus compañeros para que te cubran al coger y dejar un cache mientras una niña de Jorba, en bicicleta de apenas 5 años, ha decidido que resultas un buen espectáculo que no quiere perderse hasta que te vayas de allí.
Como en el tramo 14, eres capaz de sentir que acabas de empezar a buscar caches, que son las 12 de la mañana y cuando miras el reloj te das cuenta que llevas 6 horas, son las tres de la tarde, tienes que comer y prefieres sentarte en un bar a comerte tu bocata ‘enchiclado’ antes de que cierren cocina.
Como en el tramo 15, unos inmigrantes negros que se sorprende de tu actividad sospechosa en medio de un campo y delante de una piedra, te obliguen a cambiar un cache de lugar por el posible peligro que implica dejar ‘algo escondido’ y sin poder evitar que te quiten el ojo de encima.
Y como en el tramo 16, casi nos hundimos de barro hasta los tobillos por querer coger un caché en medio de unos aiguamolls, dos días después de lluvias.


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