Según empezó a
subir Andrés ya me di cuenta que las cosas no iban a ser sencillas, Andrés que
hasta entonces apenas se había quejado empezó a enlentecer su subida y nos iba
diciendo que es que no había NADA a lo que agarrarse.
Y era verdad,
como veis en la foto, esta chimenea se retuerce sobre si misma, pero la
superficie de la roca es lisa casi como mármol y su verticalidad impide
sujetarse a nada. Solución: Hay que tirar de fuerza bruta de brazos para usar el
único recurso disponible – El cable de vida – Y hay que intentar usar técnica
de oposición en la roca donde se pueda para intentar hacer los cambios de
disipador.
Tras largos
minutos Andrés había conseguido subir y fue el turno de Raúl. Pero es un
chavalín joven y no pesa mis 73 kilos. El chico también se quejaba de falta de
agarraderos pero era capaz de sujetarse a plomo con un brazo mientras descansaba
el otro y viceversa. Con tal ‘dón’ tampoco tuvo muchos problemas para subir.
Le tocaba el
turno a David, pero su experiencia y fuerza no tardaron en llevarle también
arriba. Faltaba yo. Me aupé al primer gancho y en un tirón me encadené hasta el
cable de vida. Busqué en vano donde descansar para llegar al siguiente anclaje
del disipador. Nada!. Seguía a plomo y no había manera de progresar. Así que me
dejé colgar literalmente del disipador para recuperar fuerza.
Unos minutos más
tarde intenté de nuevo llegar al siguiente anclaje, y aunque con mucha
dificultad lo conseguí, volvía a quedarme exhausto. Fue en ese momento cuando
le pedí a David que usara mi cuerda. Aunque era un simple cordel de 7 metros
podía servirme de punto de apoyo y ganar en el progreso. No sirvió de mucho.
Fijaos en la foto de unos compañeros la verticalidad de la Chimenea, la cantidad de cuerdas extra y la imposibilidad de poder agarrarse a nada que no sea el cable de vida, o mantener técnica de oposición contra la roca.
Un esfuerzo más.
Grito!! Arrrgh! Y consigo un nuevo enganche. Otra vez a descansar… No hay forma de progresar decentemente cuando uno se queda a cero de fuerzas en tal situación. Mientras iba descansando colgado a
plomo del disipador dos cosas vi claras:
1-Que conseguiría
subir aunque fuera a base de tirón de fuerza, enganchar mosquetón y volver a
colgarme.
2-Que iba a
tardar mucho, y eso si que me sabía mal porque otras 3 personas esperaban
arriba.
Con la mente
fría fui intentando acortar los descansos para llegar a los enganches que
GRACIAS A DIOS
Apenas estaban
separados 1 metro el uno del otro.
Pasaron unos 10
o 15 minutos, en los cuales iba manteniendo el lento ritmo de ascenso. A
Escasos metros del final había un enganche que realmente era complejo de alcanzar.
Fue en el momento en que pegué otro grito para enganchar el mosquetón. Pero
tuve mal suerte y no lo cacé bien, ni en el primero ni en el segundo esfuerzo.
No tenía intención de dejarme caer otra vez. Mantuve mente. Vi a David como
impotente me miraba sin nada a poder hacer. Un tercer intento me quedaba y
BINGO! mosquetón enganchado.
Quedaba uno. El
último. Pero este como también era complicado tuve la ayuda extra de David que
al estar arriba me echo un cable y fue él quien enganchó el mosquetón cuando yo
tiré con fuerza hacia arriba para que él pudiera anclarme.
¡Diós! Que 20
minutos de esfuerzo (podría decir… y de sufrimiento… pero no sería verdad. Pues
vi claro que poder, iba a poder. Pero que necesitaría de unos minutillos extra).
Me encantaría que alguien pudiese darme una razón por la que el resto de
ferrata pude moverme sin problema pero en esos dos puntos me costaba tan
poquito perder la fuerza. En serio que no soy capaz de entenderlo.
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