09:30 aprox. Llegamos a un parking a 200 metros del cache y 100 metros sobre el nivel del mar. Los Josua no aparecen pero no tardo en recibir una llamadita. “Donde estais?... nosotros aparcados… pues bajad que desde aquí hay camino…” … Cuelgo. 10 segundos más tarde aparecen Jordi y su esposa… ¿Cómo? Un árbol nos tapaba la continuación del parking donde estabamos todos sin vernos. ALAPUES! Pues a bajar a la playa.Nos preparamos con bañador, snorquels toallas y grandes Inflables y pa' bajo. Dejo todos los objetos de valor en el coche (para mi suerte en el asiento trasero), Eduard y David también (ellos en el maletero), aunque al bajar nadie ha atinado a pillar un GPS así que David vuelve al coche a pillar su móvil. Así lo salvó de lo que pasó después.
Intentamos un camino malo de bajada y al final atinamos con el correcto que nos lleva a una calita preciosa y sin apenas gente. La poquita gente nos miran atontados viendo como nos olvidamos de la arenas y nos metemos entre las rocas atabiados con bolsas, artilugios y grandes inflables. Por fin llegamos a un punto desde donde atacaremos la cueva de la cala flotadera: Son 150 metros a nado. El mar parece tranquilo y las aguas cristalinas. Sobre las rocas yo empiezo mi ardua tarea de hinchar a pulmón mi colchoneta. Jordi y Susana empiezan a hinchar una … BARCA? Narices! Que nivelón. Susana será la capitana que navegará con ella hasta la cala. El resto nadando. Obviamente mis aletas y gafas eran de Eduard y como al final se ha venido yo me quedo sin ellas (Pero tengo mi colchoneta, eso sí, nadie me la quitará). Además les “robé” a mis padres unas gafas de natación así que esta vez pienso disfrutar del paisaje marino.

Con todo hinchadito y bien, Susana de lanza al mar en su barca, ella será la encargada esta vez de llevar el tupper hermético con cámaras, GPSs y frontales. Yo dejo la colchoneta sobre el agua y de un bote me tumbo sobre ella, que se deshincha un poco al contacto con el agua y me hace caer. Una chancla se me ha soltado y voy haciendo equilibrios con el pie para que no se me caiga, pero me las apaño para colocarme de nuevo en la colchoneta y empiezo a dar brazadas mientras hundo la cabeza para observar el paisaje marino. Que chulo y cuantos pececillos, rocas, vegetación... ... (y algún desecho humano)
De repente una entrada de mar entre dos riscos separados apenas 3 metros da paso a una inmensa cueva, que parece disponer de una playa seca de rocas. Vamos hacia allá. Las olas nos sacuden contra los riscos pero llegamos sanos y salvos y desembarcamos. La cueva es muy simple pero muy chula y larga y yo no tardo en adentrarme a buscar el caché mientras van llegando y desembarcando todos los compañeros.

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