viernes, 16 de marzo de 2012

Capítulo 4 – Elevándonos hacia el cielo para ver a Santa Cecilia.

Tras el puente de piedra,  y dejando de lado el puente construido recientemente para los más temerosos de las alturas, las imágenes que tomamos son de postal cuando te encaramas por la roca hasta la cumbre.

Una vez arriba respiras, descargando tensión y algún colega te inmortaliza en una foto.

Pero esto no se acaba,  empieza un camino de ascenso, que lejos de ser complicado a mi me agobió un poco, y es que los descansos en línea de vida se separan alrededor de unos tres o cuatro metros, ello implica que un descuido en el área más elevada te hace caer al menos 3 metros, más la longitud de tu disipador, lo cual no hace ni una pizca de gracia. Aquí David me va distrayendo de tal pensar contándome anécdotas de sus letras de canciones ‘picantes’ y alguna que otra aberración de las suyas. En realidad el pobre está un poco rallado, porque yo me aseguro un montón y voy algo más lento pero por el contrario a mi me tranquiliza poder oirle e ir progresando a mi ritmo. Ahora que lo se, otro día le dejaré pasar.
Llegamos a una pequeña aguja y por fin Teresina nos da un respiro que no durará mucho. Ante nosotros un caminito casi normal de tierra y bosque que se encarama hacia arriba, al final de él unos escalones y un momento un poco aéreo pero facilón cuando flanqueas lateralmente una de las agujas. Muy visual pero facilito a fin de cuentas.

Tras el respiro, un poco de grimpada hacia arriba, por un tramo bastante inclinado y con bosquecillo y la parte final hacia Santa Cecilia. Cadenas y grapas que ganan en verticalidad pero que siguen dejando los descansos de la línea de vida muy separados. Apuro en prudencia (quiza demasiada) enlentezco la marcha y me voy asegurando en las grapas y en el cable lo que hace enlentecer mi ascenso demasiado, cuando quizá no debería haber sido tan rematadamente prudente. Arriba esperan Miquel y Jordi hace diez minutos casi preocupados por la tardanza.


Ya en la aguja de Santa Cecilia, las vistas son abrumadoras de casi 360º, no podemos evitar para un momento y disfrutar de las vistas y de haber conseguido el primer reto de la Teresina. Pero nuestra amiga Teresina aún tiene sorpresas guardadas. A nuestra espalda se ve el objetivo final. ¿Hay que subir hasta ahí? ¿Como? De momento bajando de la aguja, el segundo peor momento para mí, sin duda. (el primero está por llegar)

No hay comentarios: