La chimenea de la Teresina es un espacio estrecho entre dos paredes de roca, su dificultad radica en que hay que esmerarse a posicionar correctamente pies y brazos y ayudarse de la propia pared para progresar ascendentemente.
Mi sensación es que si has escalado alguna vez y te has metido entre rocas, no entraña extrema dificultad, especialmente porque de unos meses hacia acá, se ha puesto alguna grapa extra lo cual facilita las cosas.
El primer tramo es sencillo: un pequeño tramo de apenas 3 metros superable con cadena y un par de ganchos. El segundo es algo más delicado de unos 5 metros pues hay que progresar con técnicas de oposición y usando unos ganchos pequeños donde reposar pies. El tercer tramo es quizá el más sencillo en apariencia pues hay unos gruesos escalones por donde progresar a modo de escalera.
Y viene mi peor momento, tras superar con bastante tranquilidad los tres primeros tramos, y creyendo que ya estaba todo superado hay una parte que nadie menciona donde hay que subir en diagonal por una estrecha canal, mientras el cable de vida se separa hacia la pared. Hubo un momento que hay que superar dicho canal, y se hace especialmente complicado por la estrechez, la tirantez del disipador y la inclinación del suelo. Tanto es así que tuve un momento de angustia porque me cedía el cuerpo hacia abajo. Tuve que decirle a David que fuera con cuidado porque estaba resbalando.
Por suerte, pensé que tenía que tener fuerzas para aquello y en un arrojo de fuerza y fe alcancé un punto de agarre y pude superar aquel mal momento (sin duda el peor). De repente miro hacia delante y ALUCINO viendo el mirador de San Jeroni. OSTIAS! Si eso es el final! Una horda de turistas nos miran alucinados pensando de donde diablos salimos, la situación no deja de ser hilarante. Son instantes divertidos donde intercambias frases con todos. Pero sobretodo de Eufória por haber superado a la Teresina y poder contarlo.
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