De los 7 días en
Edimburgo, tuve la enorme suerte que tan solo uno fuera de lluvia, eso sí… casi
16 horas lloviendo sin parar… mucho o poco pero lloviendo…
El jueves fue ese día… y
es curioso … en Barcelona es rarísimo ver a alguien en bici en día de lluvia o
incluso sin paraguas si cae una sencilla gota. En Edimburgo la filosofía es
super distinta:
La gente que lleva bici…
lleva bici… llueva, nieve o truene… así te encuentras que en los días de sol,
los ciclistas se les ve vestidos como si fueran a hacer la ruta de los
pirineos. (aquí en BCN, se lleva de todo menos ropa deportiva) … Sin problema… se
funden con el tráfico del día a día como un vehiculo más.
Cuando llueve aún
sorprende más porque hay el MISMO número de ciclistas que en días anteriores… y
eso no queda ahí… la gente anda por la calle como si no lloviera… vestidos con
sus chaquetas y tejanos y caminando a paso sencillo. Pero POR DIOS, es que
repelen el agua.
Para comprobar en propia
carne, si es que la lluvia era distinta, a la hora de la cena nos encaminamos
mi compañero, mi jefe y yo hacia un restaurante francés (No somos tontos y en
cuanto a comidas, y como comemos fatal en las oficinas, no solemos reparar en gastos)
Yo me metí dentro de un
chubasquero y con pantalones de montaña (que yo creía impermeables en los años
que hace que los llevo), mi compañero se llevo un paraguas y mi jefe… nada…
DIOOOOOS.
30 minutos más tarde
llegábamos los tres… LOS TRES, como si nos hubiéramos duchado con ropa y todo.
Me llevo la impresión que algo debemos hacer mal.


1 comentario:
Hole,haces de tu vida que la lea como si fuera un libro ,y ahora llevo mucho tiempo sin leer,y no se si lo sabras pero.Garci ,me riñe perdona pero sigo leyendo.
Publicar un comentario