miércoles, 16 de octubre de 2013

Capítulo 3 de 6: Lo difícil que a veces no lo es tanto



El primer trozo de este “difícil tramo” es una mariconada: una pared que evoluciona en horizontal y que no ofrece especial resistencia pues no tiene ni el desplome ni la longitud para llegar a sufrirla. Toni se gira y se sorprende de lo fácil que he llegado (si es que ahora me doy cuenta que tengo poca en fe en mí mismo coño) y ahora viene lo fuerte. Son 5 metros… Fracaso o Victoria.
La pared se eleva en diagonal sorteando una gran grieta y quedando un pelín desplomada, desde aquí tan solo quedan tres ganchos y final, pues se sale en horizontal sin problema.

Sorprendentemente el paso en diagonal lo supero fácilmente, empiezo a notar que los brazos me piden descanso, pero elimino ese pensamiento de mi mente. En su lugar empiezo a hablarme a mí mismo y tiene un buen efecto (“tranquilo sobre todo, te sobre fuerza, así que tranquilo, has hecho mil cosas peores”) pero cometo un tremendo error que casi me pasa factura (lo cual demuestra tras haberlo superado que efectivamente me sobraba fuerza para superar tal tramo)

Como sabéis el disipador, al menos el modelo (no cosido) es de gran longitud (50 cm). Ello me lleva a llevarlo colgado del brazo o la muñeca para evitar tener que ir a ‘buscarlo’ a la altura de mis rodillas mientras evoluciono en una pared vertical. El problema es que por error cuelgo el disipador del brazo derecho y el cable de vida queda al lado izquierdo, por lo que en un momento dado la longitud del disipador no es suficiente para alcanzar el siguiente tramo de línea de vida (imaginad de mi ombligo hacia el brazo derecho y de ahí hacia la línea de vida que queda a mi izquierda).

En tal condición intento de mil maneras moverme de manera que como mínimo pueda enganchar un mosquetón. Solo me faltan 5cm para ello pero no hay manera y con cada intento infructuoso, el cansancio de brazos se hace más y más doloroso. No hay alternativa: si no quiero echarme para atrás debo descolgar el brazo derecho para colocar bien el disipador y luego cambiar con la mano izquierda. No recuerdo muy bien que pasó pero lo conseguí y superé el momento, con tal nervio que una vez superado el cuerpo me decía que no podía seguir subiendo.

“No se com fer-ho ara” – me sorprendo diciéndole a Toni – y no estaba aún ni contestándome cuando coloco un pie y en 3 segundos supero el paso complicado de la ferrata. Estoy en modo “moto” (cuando unas convulsiones nerviosas por el exceso de adrenalina mueven en plan tembleque tus rodillas y tus piernas) pero he superado el momento más angustioso, que ahora en frío pienso que para nada era tan complicado. Y es que amigos, la mente es flipante como te hace ver cosas que no son, y cuando apuestas por el cuerpo huyendo del miedo, te das cuenta de la fortaleza que ni te imaginas que llegas a tener.
Esperamos de nuevo. Yo muchísimo más tranquilo. A lo lejos se ve la marabunta de ferrateros novatillos en gran medida que han venido detrás de nosotros. Judit aparece también sonriente. En este punto hace un par de semanas dijo “MAI MES” y hoy vuelve a estar aquí (ver video). Promete repetir. Lo que os decía de la mente: En caliente dices. Ni loco vuelvo. En frío ya estas contando los segundos hasta volver. Venga, más sonrisas y más fotos, que nos vamos.
El resto de la ferrata es bastante asequible. Ya no hay trozos desplomados, y aunque tampoco es trivial, habiendo superado lo anterior, ya te relajas y disfrutas mucho más de todo el final del recorrido, casi el 30% del total y vives cada momento y cada instante con el sonido del mar y las gaviotas que revolotean. Como dije antes es una ferrata que por fácil que sea no cansa nunca pues las sensaciones que ofrece son guapísimas. Tras nuestro momento de caché, llega el momento de “la sardana”. Una tradición ferratera que me inventé yo y que consiste en lo que ya veis en la foto: Unirse con disipador y fingir una sarda-corro de la patata.


Esta vez para mí es el final de mi aventura de este sábado: Cogemos un caché cercano y nos vamos a hacer la Victory Beer o Victory Bocata en un bar cercano. Esta tarde me toca de nuevo función de teatro así que tras un buen rato compartiendo sensaciones es el momento de irme a casa. Recogiendo un par de caches por el camino, para llegar a casa, comer y ponerme en la piel de Filostrat. Cansado tras dos pases de 3 horas me vuelvo a la cama y a las 8AM del domingo empieza de nuevo la aventura.

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